jueves, 30 de octubre de 2025

Una expo de máscaras en el Palacio de Gobierno de Jalisco

Como si fuera pregunta de examen, Esther Morales me lanzó: 
“¿Dónde más se usan máscaras en Jalisco, aparte de las de los tastoanes?” 
Y claro, la charla nos llevó de viaje por la geografía jalisciense recordando a los morenos o negritos, los viejos, los tangaixtes y, por supuesto, los eternos tastoanes. 




En otros tiempos, las máscaras que habitualmente se usaban para fiestas patronales, carnavales o particulares, fueron perdiendo presencia en esta zona del noroccidente mexicano —quizá por culpa de aquella prohibición del obispado a principios del siglo XVII—, cuando las mascaradas se salían de control y la Iglesia, todavía sin ojos en todos lados, decidió poner cierto orden prohibiéndolas.




Damos un salto enorme hasta el 2025, y nos encontramos con la tercera edición del Festival de las Máscaras Tradicionales en Tlaquepaque, celebrado del 4 al 6 de julio. El invitado especial fue nada menos que Michoacán, que llenó de color, música y danza el Patio Alto del Museo Regional de la Cerámica, en el corazón de San Pedro, en Independencia 237. 





Y mientras todo eso ocurría, a solo una manzana de distancia, la Casa Colibrí mostraba las piezas que competían en el concurso de máscaras, divididas en dos categorías: tradicionales y contemporáneas. Todas compartían una condición: ser inéditas y ergonómicas, o sea, que además de bellas, se pudieran usar sin sufrir en el intento. 






Un par de meses después, Museos, Exposiciones y Galerías de Jalisco (MEG Jalisco) llevó esa misma colección al Palacio de Gobierno —o el “Real Palacio”, como le dicen con cariño algunos jalisquillos— El domingo 26 de octubre, las máscaras lucieron en todo su esplendor, recordándonos que la tradición sigue viva. 




Entre los asistentes estuvieron Cony Núñez, Lulú Bonales, Mariluz Robles, Rosario Cardona y otros talentosos creadores, compartiendo anécdotas sobre sus obras y esa tradición mascarera jalisciense que pudiera ser vista más como un acto de resistencia frente a los antiguos mandatos eclesiásticos.




El Museo de Sitio del Palacio de Gobierno de Jalisco se encuentra sobre la calle de Ramón Corona en el número 37.  Está abierto de martes de a sábado de 10 am a 5 pm y los domingos de 10 am a 2 pm.  El ingreso es gratuito pero hay que solicitar el acceso a los guardias de seguridad del pórtico.  Si te das una vuelta por el Centro de la Capital del Libre y Soberano Estado de Jalisco no dejes de visitar esta increíble exposición y comparte tus fotos.








jueves, 25 de septiembre de 2025

Por un diablito encuerado: Pablo Goche, el maestro del color

 

De repente te das cuenta que conoces al posible autor de una obra que usaste en tú infancia.  Algo así me sucedió a mi con Pablo Goche.  Pablo Paredes Goche es su nombre completo pero ha decidido darse a conocer como “Pablo Goche” anteponiendo el apellido materno porque fue su madre quien lo encaminó por la alfarería y la hechura de los “monitos”.

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En mi casa materna montábamos un nacimiento año con año. Para los que no sepan de que hablo, un “nacimiento” es un “belén” una representación plástica de los eventos que rodearon al nacimiento de Jesús el Nazareno.  En estas representaciones las hay centrales como las del “misterio” compuesto por la Virgen madre de Jesús, San José y el Niño Jesús recién nacido (sin ellas no hay “nacimiento”).  Luego se pueden agregar los 3 reyes magos; el ángel que sostiene una cartela que dice “Gloria a Dios”; los pastores y pastoras; el buey, la mula y el Diablo.

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Y fue ese “bendito” Diablo que se me ocurrió poner en el nacimiento de mi casa cuya ventana daba a la calle de Benjamín Camacho en mi pueblo natal, el que ocasionó un escándalo entre las vecinas porque estaba encuerado y, posiblemente, había sido hecho por Pablo Goche.


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Si no lo fue, en cuanto llegamos a su taller donde Queta, su compañera de vida trabajaba ese día afanosamente con él, ver ese diablito desnudo me recordó aquel momento navideño de mi infancia.

Pablo es de esas personas que desde el primer momento te reciben con una sonrisa y te hacen sentir en casa no solo donde habita, también en su pueblo.  La pasión con la que habla de San Pedro Tlaquepaque y sus barrios hace que afloren en tu imaginación las estampas de un pasado que parece asomarse en su relato.

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Cuando hablo con él o él habla con nosotros se transforma en un tlacuilo (el que da color a las figuras) o un tlamatimine (un poeta).  Antes de emitir palabra alguna se repliega sobre él mismo y luego afloran las ideas e imágenes convertidas en palabras mientras actúa como un zoquitlacuilo (él que hace mentir al barro) porque lo hace remedar a la vida misma, a la imagen más profunda o generalizada que tenemos de algo o de alguien.

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Y es que, aunque me habla en castellano como lengua materna de ambos, algo trasluce de un conocimiento ancestral cuyas raíces se hunden en lo profundo de una tierra que hoy es mía por apropiación y es más de él por antigüedad.  A veces solo se alcanza el concepto usando una lengua que no es la tuya y que subyace en el inconsciente de Pablo Goche: el náhuatl.

Queta, su compañera de vida guarda un silencio reverente mientras hablamos y cuando lo hace, su voz resuena como tzitzitlini (miles de campanas) que dejan destellos de oro y de colores alrededor de la conversación y en las figuras de barro que trabaja.

Ni Queta ni Pablo dejan de trabajar mientras hablan y el tiempo se suspende.  Una leve gasa se tiende entre ellos y yo, personajes de mundos ajenos que intentamos entendernos.  De mi lado de modo racional y metódico y ellos me responden con imágenes pletóricas de color cuyo sonido pareciera surgir de lo profundo de los siglos unidos por la apreciación de lo que fabrican con sus manos.

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Mientras los veo dar vida a las figurillas de barro, me doy cuenta del embeleso que provocaron las mismas piezas en el Viejo Mundo ¿Bajo que hechizo o porque bendición desconocida estos alfareros jaliscienses logran imprimir una especie de espíritu a sus creaciones? ¿No es acaso que estoy viendo la labor primigenia en la que el Creador tomó el limo, insufló el espíritu y nos otorgó el alma?

Una tormenta se avecinaba y tuvimos que dar por concluida nuestra platica.  Nos retiramos de su taller y yo iba como saliendo de alguna especie de manifestación litúrgica ocurrida en un lugar con espacio pero sin tiempo.

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Y pensar que fue precisamente la figurilla de un Diablo encuerado el que iba a conectar mundos distantes en un momento específico en un taller de alfarería de Tlaquepaque.


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viernes, 11 de julio de 2025

Lulú Bonales

 Una máscara de búho diseñada por Lulú Bonales fue la obra que me llevó a conocer su trabajo. Mientras la portaba Lupillo Gutiérrez, de CantArte Tonalá, no podía dejar de pensar en la maestría con la que la figura había sido diseñada y construida. Ese mismo día tuve la oportunidad de conocer a la autora; su energía y el color azul de su cabello denotaban una personalidad creativa.


Luego pude escucharla en el conversatorio “Manos de Tierra”, en el Museo Regional de la Cerámica. Habita en Zalatitán y no oculta el amor y cariño que le tiene a ese pueblo. Es una mujer que incursiona en el diseño y la manufactura de máscaras de tastoanes. Una mujer que realiza las máscaras que portarán los hombres transformados en guerreros, que han vuelto de sus tumbas para guerrear contra Santo Santiago, patrón de Tonalá y de España.

Conversatorio "Manos de Tierra". Liz Paredes a la izquierda, entrevista a Lulú Bonales.
Museo Regional de la Cerámica de MEG Jalisco.

Pero se llena de orgullo al hablar del oficio con el que empezó: la fabricación de silbatos de barro. La pericia para crearlos, el gusto por hacerlos y la tenacidad para sobrevivir de su oficio la han llevado a ser reconocida. De repente, suelta un comentario que entreabre una cortina en el tiempo: el uso ritual de los silbatos en los bautismos, y cómo ella y su familia tratan de hacer que la tradición prevalezca.

Silbatos y "mojigangas" eran objetos de barro muy utilizados en las celebraciones rituales virreinales cuyo origen se remonta al pasado prehispánico. Las "mojigangas" eran pequeños cantaritos de barro, muy delgados y fáciles de quebrar que se llenaban de confeti o harina y se usaban en los "combates" donde participaba la comunidad o familiares de los bautizados o recién casados.

Hace unos días se celebró el III Festival Nacional de Máscaras Tradicionales en Tlaquepaque. Una de las ganadoras fue Lulú Bonales, con su máscara “Bolita de Canela”. Con este premio, la tradición mascarera tonalteca y jalisciense reconoce a la mujer que diseña y construye las máscaras que conectan nuestros complicados y acomplejados días de mexicanidad con el glorioso pasado, donde España era uno con el reino de Tonallan.

"Bolita de Canela" de Lulú Bonales


miércoles, 9 de julio de 2025

José Jorge Sánchez, el mago del fuego onírico

 Mucho se discute acerca de la materia de la que están hechos los sueños. Sean de lo que sean, una pléyade de artistas se ha dado a la tarea de convertirlos en materia tangible. Entre ellos, José Jorge Sánchez, arquitecto y maestro ceramista. Escucharlo hablar es apasionarse por la escultura cerámica; por sus figuras hieráticas, que parecen estar a punto de consumirse en un fuego fatuo, de esos en los que vuelan las brujas, hechiceros, hadas, reyes antiguos, personajes literarios, mitológicos o las nahuales.

José Jorge Sánchez, 2025

En sus esculturas se traspone el límite de los sueños para hacerse realidad. En las complicadas formas, que parecen sostenerse como por un antiguo ensalmo o como llamas petrificadas que se elevan intensamente hacia el cielo, hay algo de poesía y remembranza litúrgica. Esa llama detenida, congelada en su ascensión al cielo, hace eco del gótico añorado. Las esculturas de José Jorge Sánchez son representaciones tridimensionales de Klimt, Lautrec o Moreau.

"Luz de ágave" y "La Torcasita" galardondes del Festival Internacional de Cine de Tequila.
Foto por Víctor Paz,  tomada de: https://pericuecultural.com

La luz que emana del color que se incendia irradia cada una de sus obras. Como un mago, las manos de José Jorge Sánchez crean complicadas estructuras de cerámica que se sostienen por el aire que pasa a través de ellas, y en cada una se contiene el significado que cada espectador quiera darle.

Su trabajo fue reconocido en 2005 con el Primer Premio del Concurso Nacional de la Cerámica en su categoría de contemporáneo. Para ese concurso presentó Frente a frente, una escultura que nos recuerda a una especie de granada con hojas que intentan entrelazarse en su parte superior. Las tonalidades rojas y azules son impactantes. De ella solo tenemos imágenes. Desde 2017, sus obras Luz de ágave y La Torcasita se han convertido en los galardones con los que el Festival Internacional de Tequila reconoce a algunos de sus ganadores.

"Frente a frente" de José Jorge Sánchez, 2005
Primer Lugar Premio Nacional de la Cerámica en la categoría de cerámica contemporánea

Cada exposición es una nueva expedición de José Jorge Sánchez al reino de los sueños y de las ideas. De allí parece extraer a cada uno de sus personajes, o a todos los hace pasar por la criba de los sueños para congelarlos en la llama de un instante. Cada exposición es una propuesta nueva que dialoga con el espacio donde será exhibida:

“Me gusta preparar obra específica para los espacios donde la voy a exhibir. Me interesa que la obra tenga un diálogo con el espacio y con su público”,

José Jorge Sánchez en el conversatorio "Manos de Tierra" entrevistado por Liz Paredes en el Museo Regional de la Cerámica de MEG Jalisco.
5 de julio del 2025.

 comentó el artista en su más reciente conversatorio en el Museo Regional de la Cerámica, que pertenece a Museos, Exposiciones y Galerías de Jalisco, durante el conversatorio Manos de Tierra. En los minutos de entrevista, enalteció la labor de la alfarería, reconoció a sus maestros locales y nos habló de su experiencia en la Greenwich Pottery House de Nueva York y en el Centro de Artes Visuales de Montreal.

Mientras tanto, el reino de los sueños decide qué personajes deberán salir y materializarse en llamas que se han detenido en un momento específico —y para siempre— en la cerámica de José Jorge Sánchez, el mago del fuego onírico.


-https://pericuecultural.com/

-Ernesto Ávalos, Premio Nacional de la Cerámica reseña histórica de 1974 al 2012, Comunicaciones y ediciones de Occidente S.A. de C.V. México, 2012

lunes, 14 de abril de 2025

"El Alabado" un eco de siglos en Jalisco

 Como muchas otras expresiones de devoción popular, "El Alabado" ha tenido su historia llena de altibajos. Durante los siglos XIX y XX, la jerarquía católica lo miró con recelo, no con la intención de destruirlo, sino más bien de "ponerlo en orden" y adaptarlo a una versión más purista de la doctrina católica. Querían asegurarse de que su entonación dependiera de su control. Pero, ¡sorpresa! "El Alabado", junto con otras tradiciones como los "Incendios" o Altares de Dolores, ha resistido y ha llegado hasta nosotros.


Este canto es un tesoro cultural que Jalisco comparte con otros estados de México, especialmente aquellos que alguna vez formaron parte de la Nueva Galicia y estaban bajo la Real Audiencia de Guadalajara. Aunque se le atribuye a fray Margil de Jesús (1657-1726), su musicalidad y narrativa nos hacen pensar que sus raíces podrían ser aún más antiguas, incluso anteriores a la conquista. Es posible que "El Alabado" haya cruzado el Atlántico con los europeos en los siglos XV y XVI, y por eso encontramos en sus letras ecos de leyendas medievales sobre la Pasión de Cristo, como el Santo Grial, y algunas frases que parecen venir de rituales paganos.

La versión que te compartimos es la que se canta en los Valles de Jalisco, y es una de las más largas. En esta región, municipios como Magdalena, Amatitán, San Juanito de Escobedo y Tequilia son lugares donde esta tradición sigue viva y bien arraigada. "El Alabado" es como un tropario bizantino que narra la Pasión de Cristo y su conexión con la Eucaristía, y se utiliza especialmente durante la Semana Santa.  Se canta para acompañar a los difuntos, para iniciar las labores del campo y a modo didáctico.

En Magdalena, este canto cobra un significado especial, ya que allí se venera al Señor Milagroso, una hermosa escultura de madera de un Cristo crucificado que es un poco más grande que la vida real. Según documentos antiguos de la parroquia, en 1671, ¡sudó gotas de sangre! Gracias al incansable esfuerzo de Monseñor José Ordaz, "El Alabado" ha vuelto a ser entonado en su santuario por los portadores de la tradición.

La versión de Magdalena tiene dos formas de cantarse: el "mozo" y el "ladino". La que te presentamos a continuación es el arreglo del "modo mozo", creado por Sinué Martínez Jiménez, director del Ensamble Azomalli, basado en la interpretación de Jesús Manuel Valdez Guzmán y José Julio Parada Talamantes, quienes son portadores de esta hermosa tradición.

En esta versión, no hay coro que repita las frases, y se canta de manera "rezada", lo que es otra característica del canto en los Valles de Jalisco. Esto nos habla de su profunda conexión y antigüedad en la región, ya que puede interpretarse de diversas maneras, incluso de forma dramatizada.

Este video fue grabado por Lizette Alejandra Paredes en el Museo de las Artes Populares de Jalisco el 8 de abril de 2025, durante un ensayo del Ensamble Azomalli que coincidió con la apertura del "incendio" o Altar de Dolores. ¡Te invitamos a hacer clic en el siguiente enlace para escucharlo!

https://youtu.be/v5dBZKF2pUM?si=M-_cAaCzqXNbrNvD

jueves, 6 de marzo de 2025

Viajar no solo implica aprender sobre los demás, sino también sobre uno mismo. El Museo de América en Madrid me sorprendió con una colección de figurillas de cera provenientes de México. No, no fueron "robadas", como podría pensar alguien. Lo mismo que hoy en día es adquirir un tibor en Guanajuato y llevarlo a  Monterrey o Guadalajara, en su tiempo, ocurrió con estas figurillas de cera adquiridas en el hoy territorio mexicano y trasladas a Sevilla o Madrid. 

"La Hilandera" figurilla de cera firmada por Andrés García 1850 c.
Museo de América en Madrid


Viajeros como Linati, Nebel y otros del siglo XIX nos cuentan que estas figurillas eran abundantes en los mercados mexicanos y especialmente apreciadas las que provenían de Tlaquepaque o las firmadas por Andrés García.

"Charro" figurilla de cera de la colección de don Alfonso Borbón y Borbón. 
S. XIX Tlaquepaque, Jalisco.
Museo de América en Madrid.


Las imágenes de aquellas figurillas de cera quedaron guardadas en mi memoria, y no volví a saber nada de ellas hasta 2016, cuando visité la colección del Museo de las Artes Populares de Jalisco, bajo la dirección de Francisco Galindo. Aunque en ese momento no conocía al autor, me dio cierta tranquilidad ver que el arte de la cerería también era reconocido en México y, en particular, en Jalisco.

"De español e india, mestizo" de Carlos Maciel.
Guadalajara, Jalisco.
Museo de las Artes Populares de Jalisco.
Hace poco, no más de dos meses antes de escribir este texto, tuve la oportunidad de verlas de cerca. Me sorprendió descubrir que la ropa de cada figura estaba elaborada con papel o tela engomada y que el autor de estas maravillas aún vive, conservando y transmitiendo la tradición de las figurillas de cera que representa.


"De español e india, mestizo" de Carlos Maciel.
Guadalajara, Jalisco.
Museo de las Artes Populares de Jalisco.

Hoy, en el Museo de las Artes Populares de Jalisco, se exhiben ocho magníficas esculturas de cera, obra de Carlos Maciel. Aunque no mostraré en este blog al charro con la china tapatía ni a la Virgen con San José y el Niño, quiero destacar este impresionante cuadro de castas que representa al mestizo, el hijo de español e india. Es una pieza digna de admirarse en persona.


"De español e india, mestizo" de Carlos Maciel.
Guadalajara, Jalisco.
Museo de las Artes Populares de Jalisco

Carlos Maciel trabajó la vestimenta utilizando telas reales, solidificadas mediante engrudo de arroz. La obra que pudo haber inspirado estas esculturas es una de las muchas pinturas de castas producidas durante el Virreinato del actual territorio mexicano.



Las piezas, que no superan los 30 centímetros de altura, sorprenden por el realismo con el que Maciel ha dotado a cada una de ellas.  La obra está expuesta en la Sala 1 de exposiciones permanentes en el Museo de las Artes Populares de  Jalisco ubicado en San Felipe 211 en el Centro de Guadalajara.


viernes, 21 de febrero de 2025

"ROJO COBRE" DE TERE DURÁN

De entre las obras que se exhiben en el Museo Regional de la Cerámica en Tlaquepaque, hay una que siempre ha llamado mi atención - una de tantas que lo hacen-.  Es una vasija de un color rojo óxido con los esmaltes que caen como si estuvieran derritiéndose.  El color y el terminado dan la sensación de una pieza que casi pudiera ser de vidrio o ámbar.


La pieza tiene por asas un par de colibrís de cada lado.  De un lado sus picos se tocan y del otro están a punto de hacerlo.  Pareciera que una suerte de hechizo los detuvo en esa posición en esa pieza única contra el fondo blanco del muro.



No conocía el autor -autora  en este caso- hasta que llegó a mis manos uno de tantos textos que acerca de las artes hablan de Jalisco y ahí estaba la fotografía de la vasija en cuestión con su autoría y esta leyenda: "Florero rojo con asas en forma de ave. Cerámica alta temperatura esmaltada. Teresa Durán. Tonalá" en el libro "Artesanías una fusión de vida y cultura" (Jalisco, 2009).

Entre averiguaciones de aquí y allá pude contactara la autora y me habló de ella.  "Rojo Cobre" se llama la pieza y participó en la edición de 1979 del Premio Nacional de la Cerámica obteniendo el segundo lugar en la categoría de Cerámica Contemporánea.

Teresa Durán Sandoval
Foto tomada de:
https://herenciamilenaria.com/maestros-artesanos/teresa-duran-sandoval/


Me enteré además, a través de ella y del texto en cuestión, que el Museo Regional de la Cerámica fue la primera sede del Premio Nacional de la Cerámica y que, en esa edición, la de 1979, le dieron a ella, Teresa Durán Sandoval, el segundo lugar porque el esmalte "escurre y no estaba esmerilada". 



Teresa Durán estuvo muy cerca de Jorge Wilmot y su obra nos recuerda un poco a las de él. Por cierto, en esa misma sala, a no más de 3 metros de "Rojo Cobre" hay una obra de Wilmot muy de verse.  
Teresa Durán me comentó también que la Casa Museo López Portillo fue alguna vez sede del Premio Nacional de la Cerámica y después se mudó al Refugio de nuevo, en Tlaquepaque.  

La Casa Museo López Portillo fue alguna vez sede del Premio Nacional de la Cerámica
Está ubicada en Liceo 177 esquina con San Felipe en el centro de Guadalajara
Foto tomada de https://www.instagram.com/tequiero.guadalajara/p/CwWi9KdJZWJ/?img_index=1

Mientras tanto, el fuego que solidificó la obra de Teresa Durán Sandoval "Rojo Cobre" parece nunca detenerse en la Sala VIII del Museo Regional de la Cerámica ubicado en la Calle Independencia esquina Alfareros en Tlaquepaque, Jalisco.




"Rojo Cobre de Teresa Durán Sandoval
Segundo Premio en Cerámica Contemporánea 
Premio Nacional de la Cerámica 1979
Museo Regional de la Cerámica